El camino al corazón de un Amo

Una de las preguntas que más me hacen cuando comienzo a hablar con una sumisa es: ¿y como sumisa que debo hacer? es el instinto de servir, de querer completar una lista, de alcanzar ese objetivo, es la naturaleza de la sumisa saliendo a flote; y generalmente mi respuesta es: obedecer y dejar que te guíe, esa es mi lado protector y de mentor contestándoles.


Pero a veces son los detalles que nos eluden los que nos traen mayores enseñanzas.


La primera vez que sentí su boca en mi piel sabía que mi vida había cambiado, tenía un rato sentada frente a la cama solo disfrutando de la vista, sabía que quería participar porque veía como movía su bello vestido arriba y  abajo, como buscando como masturbarse sin quitarselo.

Entre sus movimientos y la putita que estaba sobre mi verga en un momento nuestros ojos conectaron y ella entendió de inmediato, se levantó de la silla, se acercó a la cama, y la primera vez que sus labios conectaron con mi piel algo cambió.

No era solo la dedicación con la que chupaba, la pasión, como si su boca tuviera años queriendo demostrar su capacidad, pero hasta ahora se sentía segura para hacerlo, como que estaba tratando de recuperar el tiempo perdido. 

Pero era más que eso, era su proactividad, su necesidad de tener su boquita ocupada y complaciendo; lo orgullosa que se sentía cuando me veía sufrir tratando de aguantar no venirme mientras su boca me hacía cosas que avergonzaría a dioses paganos. Era su vocación, no su objetivo.

Y no fue solo a mi pocas veces había visto a mi sumisa anal tan mojada y durante una invitación especial una amiga terminó empapandole la cara cuando no pudo aguantar más lo rico que la chupo, y solto todos sus jugos de putita en su carita.

Hace unos días repasaba nuestro tiempo juntos, tratando supongo de engañar a mi cerebro sobre su ausencia. Y a mi mente solo venía su sonrisa mientras me miraba, mientras me torturaba, mientras me tentaba, y en mi piel solo se sentía la sensación de su boquita. 

Supongo que el camino al corazón de un Amo, de este en especial, es una sonrisa encantadora capaz de convertirse en una boquita pervertida. Misma sonrisa que me deleito mientras le orinaba su cuerpito delicioso, ella arrodillada en la ducha con esa sonrisa en la boquita, la misma boquita que estaba lista para ser mojada, aunque nos quedara pendiente.

Pero mientras recordaba esas experiencias tan ricas, me di cuenta de algo, ella nunca me preguntó ¿cómo sumisa que debo hacer? lo sabía. 

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